domingo, 3 de febrero de 2013

Alí Babá y los cuarenta ladrones.

Alí Babá y los cuarenta ladrones.
(Las mil y una noches).
Había una vez un hombre que se llamaba Alí Babá y que tenía un hermano que se llamaba Kassim. Alí Babá era un honesto y pobre leñador. Kassim, sin embargo, era un rico haragán, más agarrado que una urraca. Alí Babá tenía una esposa, una hermosa criada que se llamaba Luz de la Noche, varios hijos y tres mulas. Kassim tenía una esposa y nunca se acordaba de visitar a su hermano, no fuera a ser que le saliera pidiendo algo.
Un día en que Alí Babá estaba en el bosque cortando leña oyó ruido de caballos galopando que se acercaban. Se asustó, pero como era curioso trepó a un árbol.
Vio que eran cuarenta caballos. Sobre cada caballo venía un ladrón, y cada ladrón tenía una bolsa llena de monedas de oro, rubíes, zafiros, ágatas y perlas. Delante de todos iba el jefe de los ladrones.
Los ladrones pasaron debajo de Alí Babá y cuando llegaron a una gran roca el jefe de los ladrones gritó:
Jefe: ¡Sésamo: ábrete!.
Y la roca, como si fuera un sésamo, se abrió por el medio. Los ladrones entraron por la abertura de la roca con caballos y todo, y una vez que estuvieron dentro el jefe gritó:
Jefe: ¡Sésamo: ciérrate!.
Y la roca se cerró. Al cabo de un rato, los ladrones salieron de la cueva y tras pronunciar el jefe de los ladrones las palabras mágicas, la roca se cerró y los ladrones se marcharon a todo galope.
Alí Babá: Yo también entraré en esa roca. El asunto será ver si otra persona, pronunciando las palabras mágicas, puede abrirla. ¡Sésamo: ábrete!.
Y la roca se abrió.
Una vez dentro se encontró con el tesoro más grande del mundo y, con toda tranquilidad, se ocupó de meter en una bolsa una buena cantidad de monedas de oro y rubíes. Abrió y cerró la cueva con las palabras mágicas...:
Alí Babá: ¡Sésamo: ciérrate!
Y él volvió a su casa, cantando de alegría. Cuando su esposa lo vio entrar con la bolsa se puso a llorar.
Esposa de Alí: ¿A quién le robaste eso?
Pero cuando Alí Babá le contó la verdadera historia, la mujer se puso a bailar con él.
Alí Babá: Nadie debe enterarse que tenemos este tesoro, porque si alguien se entera querrá saber de dónde lo sacamos, y si le decimos de dónde lo sacamos querrá ir también él a esa roca mágica, y si va puede ser que los ladrones lo descubran, y si lo descubren terminarán por descubrirnos a nosotros. Y si nos descubren a nosotros nos cortarán la cabeza. Enterremos todo esto.
Esposa de Alí: Antes contemos cuántas monedas y piedras preciosas hay.
Alí Babá: ¿Y terminar dentro de diez años? ¡Nunca!
Esposa de Alí: Entonces pesaré todo esto. Así sabré, al menos aproximadamente, cuánto tenemos y cuánto podremos gastar. Pediré prestada una balanza.
Desgraciadamente, la mujer de Alí Babá tuvo la mala idea de ir a la casa de Kassim y pedir prestada la balanza. Kassim no estaba en ese momento, pero sí su esposa.
Esposa de Kassim: ¿Y para qué quieres la balanza?
Esposa de Alí: Para pesar unos granos.
Esposa de Kassim: ¡Qué raro! Éstos no tienen ni para caerse muertos y ahora quieren una balanza para pesar granos. ¿Y qué clase de granos vas a pesar?
Esposa de Alí: Pues granos...
Esposa de Kassim: Voy a prestarte la balanza.
Pero antes de prestársela, y con todo disimulo, la mujer de Kassim untó con grasa la base de la balanza.
Esposa de Kassim: Algunos granos se pegarán en la grasa, y así descubriré qué estuvieron pesando realmente.
Alí Babá y su mujer pesaron todas las monedas y las piedras preciosas y, luego, las enterraron en un hoyo que Alí Babá había hecho en el patio de la casa. Después devolvieron la balanza. Pero una moneda de oro había quedado pegada a la grasa.
Esposa de Kassim: De manera que éstos son los granos que estuvieron pesando. Se lo mostraré a mi marido.
Cuando Kassim la vio el rubí, casi se muere del disgusto. Y él, que nunca se acordaba de visitar a Alí Babá, fue corriendo a buscarlo.
Kassim: ¡Sinvergüenzas! Ustedes siempre fueron unos pobres gatos. Díganme de dónde sacaron ese maravilloso tesoro si no quieren que los denuncie a la justicia.
Alí Babá, resignado, comprendió que lo mejor sería contarle la verdad.
Kassim: Mañana mismo iré hasta esa roca y me traeré todo a mi casa.
A la mañana siguiente, Kassim estaba frente a la roca dispuesto a pronunciar las palabras mágicas. Había llevado 12 mulas y 24 bolsas; tanto era lo que pensaba sacar.
Kassim: ¿Qué era lo que tenía que decir? Ah, sí, ahora recuerdo... ¡Sésamo: ábrete!.
La roca se abrió y Kassim entró. Después dijo:
Kassim: ¡Sésamo: ciérrate!
Y la roca se cerró con él dentro. Una hora estuvo Kassim parado frente a las montañas de moneda de oro y de piedras preciosas.
Kassim: Aunque tenga que venir todos los días, no dejaré la más mínima cosa de valor que haya aquí. Me lo voy a llevar todo a mi casa. Aunque me las llevaré todas, es mejor que empiece por las más grandes, no vaya a ser que por h o por b mañana no pueda venir y me quede sin las mejores.
La elección le llevó unas cinco horas. Pero en ningún momento se sintió cansado.
Kassim: Es el trabajo más hermoso que hice en mi vida. Gracias al tonto de mi hermano, me he convertido en el hombre más rico del mundo.
Y cuando cargó las 24 bolsas se dispuso a partir.
Kassim: ¿Qué era lo que tenía que decir? Ah, sí, ahora recuerdo... Alpiste: ábrete.
Pero la roca ni se movió.
Kassim: ¡Alpiste: ábrete!
Pero la roca no obedeció.
Kassim: Por Dios, olvidé el nombre de la semilla. ¿Por qué no lo habré anotado en un papelito?
Y, desesperado, empezó a pronunciar el nombre de todas las semillas que recordaba:
Kassim: Cebada: ábrete; Maíz: ábrete; Garbanzo: ábrete.
Al final, totalmente asustado, ya no sabía qué decir:
Kassim: Zanahoria: ábrete; Coliflor: ábrete; Calabaza: ábrete.
Hasta que la roca se abrió. Pero no por Kassim sino por los cuarenta ladrones que regresaban. Y cuando vieron a Kassim, le cortaron la cabeza.
Ladrón 1: ¿Cómo habrá entrado aquí?
Jefe: Ya lo averiguaremos. Lo dejaremos dentro de la cueva y, si alguno viene a recogerlo, sabremos que alguien más conoce nuestro secreto. Ahora salgamos a robar otra vez.
Y se fueron a robar, después de dejar bien cerrada la roca. Pero Alí Babá estaba preocupado porque Kassim no regresaba. Entonces fue a buscarlo a la roca. Cuando entró vio a Kassim muerto y se lo llevó a su casa para darle sepultura. Pero había un problema:
Alí Babá: ¿Qué diremos a los vecinos? Si contamos que Kassim ha sido muerto por los ladrones se descubrirá el secreto, y eso, ya lo sabemos, no nos conviene.
Luz de la Noche: Digamos que murió de muerte natural.
Dijo Luz de Noche, una sirvienta que, además de muy hermosa, era una doncella discreta y agudo ingenio.
Alí Babá: ¿Cómo vamos a decir eso? Nadie se muere sin cabeza.
Luz de la Noche: Yo lo resolveré.
Y fue a buscar a un zapatero. Camina que camina, llegó a la casa del zapatero.
Luz de la Noche: Zapatero, voy a vendarte los ojos y te llevaré a mi casa.
Zapatero: Eso nunca. Si voy, iré con los ojos bien libres.
Luz de la Noche: No. Toma esta moneda de oro.
Zapatero: ¡Vaya! Eso me parece muy bien. ¿Y para qué quieres vendarme los ojos?
Luz de la Noche: Para que no veas adónde te llevo y no puedas decir a nadie dónde está mi casa. Toma, aquí tienes otra moneda de oro.
Zapatero: Gracias. ¿Y qué tengo que hacer en tu casa?
Luz de la Noche: Coser a un muerto.
Zapatero: Ah, no, eso sí que no.
Luz de la Noche: Creo que esta moneda te ayudará a disipar tus dudas y temores.
Zapatero: Sin duda. Está bien, vamos a tu casa.
Y fueron. El zapatero cosió la cabeza del muerto, uniéndola. Y todo lo hizo con los ojos vendados. Finalmente volvió a su casa acompañado por Luz de la Noche y allí se quitó la venda.
Luz de la Noche: No cuentes a nadie lo que hiciste.
Y se fue contenta, porque con su plan ya estaba todo resuelto. De manera que cuando los vecinos fueron informados que Kassim había muerto, nadie sospechó nada.
Pero resulta que los ladrones volvieron a la roca y vieron que Kassim no estaba. Ninguno de los ladrones era muy inteligente que digamos, pero el jefe dijo:
Jefe: Si el muerto no está, quiere decir que alguien se lo llevó. Quiere decir que el que entró pronunció las palabras secretas.
Ladrón 1: ¿Y eso qué quiere decir?
Jefe: ¡Quiere decir que alguien descubrió el secreto!
Todos: ¿Y eso qué quiere decir?
Jefe: ¡Que hay que cortarle la cabeza!
Todos: ¡Muy bien! ¡Cortémosela ahora mismo!
Jefe: Primero tenemos que saber quién es el que descubrió nuestro secreto. Uno de ustedes debe ir al pueblo y averiguarlo.
Ladrón 1: Yo iré.
Cuando el ladrón llegó al pueblo, pasó frente al taller de un zapatero y entró. Dio la casualidad de que era el zapatero que ya sabemos.
Ladrón 1: Zapatero, estoy buscando a un muerto que se murió hace poco. ¿No lo viste?
Zapatero: ¿Uno sin cabeza?
Ladrón 1: El mismo.
Zapatero: No, no lo vi.
Ladrón 1: De mí no se ríe ningún zapatero. Bien sabes de quién hablo.
Zapatero: Sí que sé, pero juro que no lo vi.
Y el zapatero le contó todo.
Ladrón 1: Qué lástima, yo quería recompensarte con esta linda bolsita llena de moneditas de oro.
Zapatero: Un momento, yo no vi nada, pero debes saber que los ciegos tienen muy desarrollados sus otros sentidos. Cuando me vendaron los ojos, súbitamente se me desarrolló el sentido del olfato. Creo que por el olor podría reconocer la casa a la que me llevaron. Véndame los ojos y sígueme. Me guiaré por mi nariz.
Así se hizo. Con su nariz al frente fue el zapatero oliendo todo. Detrás de él iba el ladrón. Hasta que se pararon frente a una casa.
Zapatero: Es ésta. La reconozco por el olor de la leña que sale de ella.
Ladrón 1: Muy bien. Haré una marca en la puerta para que pueda guiar a mis compañeros hasta aquí y cumplir nuestra venganza amparados por la oscuridad de la noche.
Y el ladrón hizo una cruz en la puerta. Después ladrón y zapatero se fueron, cada cual por su camino. Pero Luz de la Noche había visto todo. Entonces salió a la calle y marcó la puerta de todas las casas con una cruz igual a la que había hecho el ladrón. Después se fue a dormir muy tranquila.
Ladrón 1: Jefe, con ayuda de un zapatero descubrí la casa del que sabe nuestro secreto y ahora puedo conducirlos hasta ese lugar.
Jefe: Aún en la oscuridad de la noche, ¿no te equivocarás de casa?
Ladrón 1: No. Porque marqué la puerta con una cruz.
Todos: Vamos.
Y blandiendo sus alfanjes se lanzaron a todo galope.
Ladrón 1: Ésta es la casa.
Jefe: ¿Cuál?
Ladrón 1: La que tiene la cruz en la puerta.
Jefe: ¡Todas tienen una cruz! ¿Cuántas puertas marcaste?
El ladrón casi se desmaya. Pero no tuvo tiempo porque el jefe, enfurecido, le cortó la cabeza. Y, sin pérdida de tiempo, ordenó el regreso. No querían levantar sospechas.
Jefe: Alguien tiene que volver al pueblo, hablar con ese zapatero y tratar de dar con la casa.
Ladrón 2: Iré yo.
Jefe: No, seré yo el vaya mañana y hablaré con ese zapatero.
Al día siguiente el jefe de los ladrones buscó al zapatero. Y lo encontró. Y el zapatero se hizo vendar los ojos. Y lo guió. Y le mostró la casa. Pero el jefe no hizo ninguna cruz en la puerta ni otra señal. Lo que hizo fue quedarse durante diez minutos mirando bien la casa.
Jefe: Ahora soy capaz de reconocerla entre diez mil casas parecidas.
Y fue en busca de sus muchachos.
Jefe: Ladrones, para entrar en la casa del que descubrió nuestro secreto y cortarle la cabeza sin ningún problema, me disfrazaré de vendedor de aceite. En cada caballo cargaré dos tinas de aceite sin aceite. Cada uno de ustedes se esconderá en una tina y cuando yo dé la orden ustedes saldrán de la tina y mataremos al que descubrió nuestro secreto y a todos los que salgan a defenderlo.
Todos: Muy bien.
Los caballos fueron cargados con las tinas y cada ladrón se metió en una de ellas. El jefe se disfrazó de vendedor de aceite y después tapó las tinas.
Llegaron a la casa de Alí Babá y el jefe de los ladrones pidió permiso para pasar.
Alí Babá: ¿Quién eres?
Jefe: Un pacífico vendedor de aceite. Lo único que te pido es albergue, para mí y para mis caballos.
Alí Babá: Adelante, pacífico vendedor.
Y les dio albergue. Y también comida, y dulces y licores. Pero el jefe de los ladrones lo único que quería era que llegara la noche para matar a Alí Babá y a toda su familia.
Y la noche llegó.
Pero resulta que hubo que encender las lámparas.
Luz de la Noche: Nos hemos quedado sin una gota de aceite y no puedo encender las lámparas. Por suerte hay en casa un vendedor de aceites; sacaré un poco de esas grandes tinas que él tiene.
Luz de la Noche tomó un pesado cucharón de cobre y fue hasta la primera tina y levantó la tapa. El ladrón que estaba adentro creyó que era su jefe que venía a buscarlo para lanzarse al ataque, y asomó la cabeza.
Luz de la Noche: ¡Qué aceite más raro!
Exclamó Luz de la Noche, y le dio con el cucharón en la cabeza. El ladrón no se levantó más.
Luz de la Noche fue hasta la segunda tina y levantó la tapa, y otro ladrón asomó la cabeza, creyendo que era su jefe.
Luz de la Noche: Un aceite con turbantes.
Y le dio con el cucharón. El ladrón no se levantó más. Tina por tina recorrió Luz de la Noche, y en todas le pasó lo mismo. A ella y al que estaba adentro. Enojadísima, fue a buscar al vendedor de aceite, y blandiendo el cucharón le dijo:
Luz de la Noche: Es una vergüenza. No encontré ni una miserable gota de aceite en ninguna de sus tinas. ¿Con qué enciendo ahora mis lámparas?
Le dio con el cucharón en la cabeza y el jefe de los ladrones cayó redondo.
Alí Babá: ¿Por qué tratas así a mis huéspedes?
Entonces Luz de la Noche quitó el disfraz al jefe de la banda y todo quedó aclarado. Como es de imaginar, los ladrones recibieron su merecido.
Y eso fue lo que pasó con ellos.
En cuanto a Alí Babá, dicen que al día siguiente fue a buscar algunas monedas de oro a la roca, y que cuando llegó no encontró nada: la roca había desaparecido, con tesoro y todo.

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miércoles, 9 de enero de 2013

La jaula de oro.


                                                              La jaula de oro.

Narrador: Érase una vez una princesa que paseaba por su jardín.De pronto, al pie de un árbol, vio un pájaro muy bello. Le gustó tanto que comenzó a llamar a una de sus doncellas.
Princesa: ¡Es el pájaro más hermoso que he visto en mi vida! ¡Cómo me gustaría quedármelo, para poder mirarlo a todos horas y oír su canto todo el día!
Narrador: Entonces, la doncella volvió corriendo al interior del palacio y avisó a todos lo criados para que la ayudaran a cazar el pájaro.Más de veinte hombres se congregaron en el jardín para cazar al bello animal que tenía entusiasmada a la princesa. Les costó grandes esfuerzos, pero al fin consiguieron atraparlo.
El pájaro acabó encerrado en una jaula de oro. Día y noche, dos sirvientes se ocupaban del bienestar del pájaro. Cada vez que la princesa salía a pasear por el jardín, un criado iba tras ella, con la jaula de oro en la mano, para que la princesa gozase en todo momento con la compañía y el canto de su bellísimo pájaro.
Sin embargo, el pájaro estaba triste. Detestaba vivir en una jaula, y extrañaba mucho los viejos tiempos, cuando podía volar a su aire, subir y bajar por el cielo.
Un día, el pájaro oyó al príncipe cuando decía:
Príncipe: Mañana mismo salgo de viaje. El palacio que tengo que visitar se encuentra en un oasis en mitad del desierto. Estaré de vuelta en el plazo de un mes.
Narrador: Al oír aquello, el pájaro rompió a cantar. El príncipe se extrañó de que trinara con tanta fuerza, así que se acercó a la jaula y miró al animal con mucha atención. De pronto, el pájaro empezó a decir:

Pájaro: Príncipe, cuando vayáis a ese oasis que decís, ¿podríais hacerme un favor?
Príncipe: Con mucho gusto te haré el favor que me pidas. ¿Quieres que te traiga alguna comida especial?
Pájaro: No, no quiero nada de comer. Pero si veis a otros pájaros como yo, ¿podríais decirles que estoy en una jaula, y que les envío muchos recuerdos? ¿Me haréis ese favor?
Príncipe: Por supuesto que sí.

Narrador: Regresó al cabo de un mes.Cuando el pájaro vio al príncipe, cantó para llamar su atención. El príncipe se acercó a la jaula de oro, y entonces el pájaro le dijo:

Pájaro: Príncipe, ¿visteis a algún miembro de mi familia en vuestro viaje?
Príncipe: Sí. Ví un pájaro igual que tú.
Pájaro: ¿Y le disteis recuerdos, tal como os pedí?
Príncipe: Claro que sí. Le conté que estabas en el mejor palacio del reino, en una preciosa jaula de oro, y que le enviabas muchos recuerdos.
Pájaro: ¡Y qué contestó mi pariente?
Príncipe: Ah, querido pájaro, lamento decirte que tu pariente no dijo ni pío. Narrador: En cuanto le conté dónde vivías, resbaló de la rama en que estaba posado y cayó redondo al suelo. ¡El pobre ha muerto!, pensé. Pero, cuando me acerqué para enterrarlo, recobró la vida de pronto y se escapó volando. Así que no me dio ningún mensaje para ti...

Narrador: El pájaro no dijo nada, ni mostró el menor sentimiento.
A la mañana siguiente, la doncella descorrió las cortinas del dormitorio de la princesa y abrió el balcón. La princesa lo primero que hizo, como todas las mañanas, fue darle los buenos días al pájaro. El animal siempre cantaba para responderle, pero aquel día se quedo callado. La princesa, extrañada, saltó de la cama y corrió hacia la jaula. Cuando vio al pájaro, rompió a llorar.

Princesa: ¡Mi pájaro está muerto! ¡Socorro, socorro! !Levántate, pajarito mío! !Ponte a cantar, por favor!

Narrador: La doncella se acercó, vio que el pájaro se hallaba tumbado boca arriba en el suelo de la jaula. Estaba muerto, no había ninguna duda.
Princesa: !Sacad al pájaro de la jaula! !Sopladle el la cara a ver si revive!

Narrador: El criado abrió la puerta de la jaula y agarró al pájaro para tratar de reanimarlo. Luego lo acercó a la ventana a fin de que le diera el aire fresco y, justo cuando el pájaro notó la brisa en la cara, extendió las alas y echó a volar hasta la rama del árbol más cercano. La princesa quedó desconcertada.
Princesa: ¿De modo que todo era una trampa? ¡Querías escaparte y nos has engañado...! Pero ¿por qué te quieres ir, si vives en una jaula preciosa donde no te falta ninguna comodidad. ¿Es que no te he tratado bien? ¿Dónde has aprendido esa trampa tan maliciosa con que nos has engañado ?

Narrador: El pájaro soltó un largo trino de alegría y luego contestó:

Pájaro: Princesa, la mejor jaula del mundo no vale tanto como la libertad de volar a donde me apetezca. Y, puesto que queréis saber cómo aprendí este engaño con el que he logrado la libertad, os lo diré ahora mismo: me lo enseñó un pariente lejano que vive en un oasis en medio del desierto...

Narrador: Tras decir esto, el pájaro volvió a cantar. Luego, subió hacia el cielo describiendo una hermosa espiral en el aire, y nunca más se dejó ver en los lujosos jardines de palacio.

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miércoles, 5 de diciembre de 2012

El pacto del bosque

 
El pacto del bosque.
(Gustavo Martín Garzo. Adaptación)

Madre: ¡Venga, venga..., a la cama! Vamos, que ya es hora de dormir... Gonzalo, Paula, venga...; hasta que no estéis bien arropaditos no pienso comenzar. Así me gusta, muy bien... En aquel bosque, los lobos eran amigos de los conejos y nunca les hacían daño.
Gonzalo: ¡Yo sé por qué era!
Madre: A ver, señorito sabelotodo, dinos por qué.
Gonzalo: Por algo que les pasó a Orejitas y Lametón.
Madre: ¿Y quienes eran Orejitas y Lametón?
Gonzalo: Dos conejos muy buenos, mami.
Madre: Es verdad. Eran dos hermosos conejitos que desobedecieron a su mamá y un día abandonaron la madriguera sin su permiso. Orejitas tenía unas orejas muy largas y Lametón tenía la manía de chuparlo todo, todo. (Gestos/ risas de los niños). La señora coneja le fabricó un chupete con palo de regaliz, para que no anduviera llevándose a la boca todas las porquerías que encontraba. Orejitas y Lametón se alejaron tanto de su madriguera que acabaron perdiéndose. De repente, se hizo de noche y comenzaron a sentir miedo. Entonces, buscaron un lugar donde esconderse hasta la llegada del nuevo día, pero, de pronto, oyeron el llanto de un animal. Los dos conejos se acercaron y vieron a una enorme loba gris tumbada en el suelo. Tenía la barriga enorme, pues estaba a punto de dar a luz una camada de lobitos, y lloraba sin cesar.
-¿Por qué lloras? -le preguntó Orejitas temblando, pues pensaba que se lo iba a comer.
-Me he quedado ciega. El agua negra del pantano me cegó la vista. ¿Cómo podré alimentar y proteger a mis lobitos cuando nazcan?

Entonces, Lametón, se acercó a sus ojos y comenzó a lamérselos. Y así fue como le quitó el barro de sus párpados, que era la causa de su ceguera, y la loba recuperó la vista. Entonces, la loba, los cobijo junto a su barriga para que pasaran allí calientes la noche.
A la mañana siguiente, los acompañó a su madriguera y les prometió que cuando nacieran los lobitos, vendrían a verlos. Y la loba cumplió su promesa. Cuando alguno de los lobitos se hacía daño, corría junto a Lametón para que le chupara la herida.
Fue así como se selló el pacto del bosque y los lobos dejaron de perseguir a los conejos, pues pensaban que su saliva tenía el poder mágico de curar.

Paula: Pero eso no es cierto, ¿verdad, mamá?
Madre: ¿Quién lo sabe, Paula? En realidad, lo que la curó fue el amor. Y, ahora, a dormir, que ya es hora de que abráis la puerta a vuestros dulces sueños...

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jueves, 1 de noviembre de 2012

El bondadoso hermano menor.

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El bondadoso hermano menor.
(Adaptación Cuento popula húngaro/ Ilustr. Diane Goode. Edit. Asuri)

Había una vez un hermano menor con dos hermanos mayores. Los tres eran buenos hermanos. Cuando su padre y su madre fallecieron, nos le quedó otra cosa que dos fusiles.

H.mayor: ¿Cómo vamos a dividir dos fusiles entre tres hijos?
H.menor: Quedaos con ellos. A mi me basta que sigáis siendo mis dos buenos hermanos.

Así fue que los dos hermanos mayores tomaron los dos fusiles y con su hermano menor se marcharon a buscar fortuna.

Caminaron y caminaron hasta que llegaron a un gran bosque donde revoloteaban miles de palomas silvestres.

H.mayor: Voy a matar un par de tortolitas para que tengamos un sabroso asado.
H.menor: No las lastimes hermanito. Ellas nunca nos han hecho daño.

Bajo su fusil y los tres siguieron su marcha. Caminaron y caminaron hasta que lejos, muy lejos, llegaron a un lago donde nadaban miles de somorgujos.

H. mediano: Mataré un par de ellos. No hemos tenido ningún sabroso asado en todo nuestro viaje.
H.menor: Por favor, no mates a los pobres somorgujos. Ellos nunca nos han hecho daño.

El hermano mediano también le obedeció. Y los tres siguieron adelante. Caminaron y caminaron hasta que llegaron a una extensa llanura en medio de la cual había un arbusto con tres hermosos botones de azucena, de clavel y de rosa.
H. mayor y mediano: Qué hermosas flores. Vamos a cortarlas.
H.menor: No las cortéis. Van a marchitarse.

De repente saltó del arbusto un conejito con tanta fuerza que hizo caer de espaldas a los dos hermanos mayores. Sintieron miedo de cortar las flores y siguieron su camino. Y los tres llegaron a una casita. Dentro no había un alma.

H.mayor: Cómo me gustaría encontrar un bocadito de algo sabroso.

En un abrir y cerrar de ojos la mesa quedó puesta con toda clase de manjares y bebidas deliciosas. Se dieron un banquete tal que se sentían a punto de reventar. Entonces el menor de los hermanos dijo:

H.menor: Y ahora, sería bueno que pudiéramos dar las gracias a alguien por todas estas bendiciones.

En ese momento un hombrecito de un palmo de estatura y barba de casi treinta metros saltó dentro de la casita y gritó:

Hombrecito: ¡Hey, hey!
H.menor: Hey, hey, abuelito, muchas gracias por tu espléndida cena.
Hombrecito: Tienen suerte de que este jovenzuelo se atreviese a abrir la boca, pues de otro modo pronto habría terminado todo para ustedes.

Los llevó a un enorme palacio de mármol. El patio se encontraba lleno de cientos de caballos de piedra que montaban cientos de soldados de piedra. Entraron en un gran salón vacío donde había tres sillas doradas en medio de la sala.

Hombrecito: ¿Ven esas tres sillas? Pertenecen a tres princesas, por siempre hermosas, por siempre encantadas; cada una tenía una perla y una corona. Las tres perlas estás por siempre ocultas dentro de tres huevos de paloma silvestre, y las tres coronas yacen por siempre en el fondo del lago verde. Las tres princesas serán las tres hermosas flores que vieron en el arbusto en mitad de la pradera. A menos que alguien encuentre la perlas y las coronas y después adivine cuál de las tre flores es la princesa mayor, cuál la de en medio y cuál la más joven y entonces, en el orden apropiado, de la mayor a la menor, coloque en cada una de las flores una perla y una corona. Tal será quien desbarate tan terrible encantamiento. Pero quien se equivoca al instante se convierte en piedra, como ustedes pueden ver en derredor. Así, pues, ¿quién de ustedes quiere romper el hechizo?

El primero en salir fue el hermano mayor, que se convirtión en piedra al no encontrar las perlas ni las coronas. La suerte del hermano de enmedio fue exactamente la misma. Por último, el hermano menor salió a probar fortuna, pero por más que buscó no pudo encontrar siquiera el cascarón de un huevo de paloma silvestre. ¡Ahora estaba condenado, también! Mientras estaba sollozando y lamentándose, una paloma bajo y le dijo:

Paloma: No llores, no te lamentes, bondadoso muchacho. Tú te compadeciste de nosotras; nosotras te tendremos compasión. Aquí están los tres huevos que has estado buscando.

Le dio las gracias y siguió caminando hacia el lago. Un somorgujo llegó revoloteando y le dijo:

Somordujo: No llores, no te lamentes, muchaco. Aquí están las tres coronas del fondo del lago. Ya ves, no en balde tienes un bue corazón.

Y así llegó caminando hasta la gran llanura donde crecían las tres hermosas flores. Cuando estaba desesperado, sis atreverse a tocar ninguna, el conejito salió a su encuentro y le dijo:

Conejito: No llores, no te lamentes, muchacho. Escucha mis palabras: la azucena es la mayor, el clavel la de en medio y la rosa la menor de las princesas.

Rápidamente, en el orden indicado, colgó cada una de las perlas del tallo de cada una de las flores y las coronas encima de cada una de las flores. En un abrir y cerrar de ojos, las tres flores se convirtieron en tres hermosas princesas por siempre a salvo de todo hechizo.
Y en ese mismo instante el país volvió a la vida: caballos, solados, hombres y los dos hermanos de piedras, todos, comenzaron a respirar.
El bondadoso hermano menor se casó con la menor de las princesas; los dos hermanos mayores se casaron con las dos princesas mayores.

Después de eso vivieron mucho, mucho tiempo y, si no han muerto, todavía andarán por ahí. 

El vídeo de este relato lo encuentras aquí. 
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sábado, 6 de octubre de 2012

Por qué los animales tienen cola.

Por qué los animales tienen cola.
(Adapatado de Natha Caputo. Un cuento para cada día. Sara Cone Bryant y Natha Caputo. Edit. SM.)

Érase que se era cuando los animales no tenía cola: ni el zorro, ni el conejo, ni la comadreja, ni el ratón... Entonces se organizó una feria donde se venderían colas, miles de colas de todos los tamaños y colores.Nunca se había visto una feria así.
El zorro, deseoso de tener cola, corrió tanto que llegó el primero. Se encontró con un montón de colas en venta. Las había gruesas, finas, largas, cortas, espesas, rayadas, lisas, ásperas…
El zorro eligió la que más le gustaba. Una bonita y espesa cola, ideal para un zorro tan elegante como él.
Por el camino se encontró con el perro y éste le pregunto:

Perro: ¿Quedan todavía colas para mi?
Zorro: ¡Sí, claro que sí, pero ninguna tan bonita como la mía!

Cuando llegó a la feria el perro eligió una cola que le parecía bien y en camino de regreso se encontró con el gato con el que por entonces no se llevaba mal:

Gato: ¿Quedan todavía colas en venta?
Perro: ¡Sí, sí..., todavía hay muchas, pero ninguna tan bonita como la mía! Seguro que encuentras una para ti.

El gato encontró una larga y rayada cola que parecía que se movía sola y se la quedó. Pero en el camino de vuelta se encontró con el caballo. El caballo inquieto le preguntó:

Caballo: ¿Quedan todavía colas en venta para mi?
Gato: ¡Sí, sí, hay muchas colas en venta, pero ninguna tan bonita como la mía.

El caballo encontró una gran cola con largas crines que le gustó mucho y la compró. Pero en el camino de vuelta se encontró con la vaca:

Vaca: ¿Quedan todavía colas por vender?
Caballo: Sí, sí, señora vaca, todavía quedan, pero las más espesas y con más pelos ya se han vendido. No encontrará ninguna tan bonita como la mía.

La vaca buscó y rebuscó hasta que encontró una larga cola que le gustó mucho y se quedó con ella.
Al final llegó el cerdito y sólo encontró una pequeña cola en espiral que la encontró muy bonita y se la colocó rápidamente no fuera a quedarse sin ella. Le pareció muy bonita y se la colocó. El cerdito se fue para su casa repitiendo:

Cerdo: ¡Tengo una bonita cola! ¡Tengo una bonita cola!

Y desde entonces todos los animales tienen cola, aunque fue el zorro el que se llevó la cola más bonita.
Y colorín, colorado, este cuento que traerá cola, se ha terminado.

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lunes, 2 de julio de 2012

Apolo y Dafne.

Apolo y Dafne.

Hace mucho tiempo, cuando los dioses disputaban entre sí y las ninfas habitaban las frescas arboledas, ocurrió esta hermosa historia.
Apolo, dios del sol y de las artes, era un excelente arquero, capaz de abatir cualquier bestia salvaje con una sola flecha. Cegado por la vanidad, el dios comenzó a comportarse de forma arrogante y a burlarse de Eros.
Eros era el dios del amor. Bajo se inocente apariencia de niño, se oculta el enorme poder de manejar caprichosamente los sentimientos de los demás. Él también llevaba un arco y unas flechas, con los que rendía los corazones al fuego del amor.
Un día, las burlas de Apolo llegaron demasiado lejos:

Apolo: ¡Deja esas flechas, Eros!
Eros: ¿Y por qué he de dejarlas?
Apolo:Resulta ridículo que un niño como tú las lleve. Las flechas son armas de valiente...
Eros: Todos sabemos que tus flechas son temibles, Apolo. Pero te aseguro que nadie puede resistirse a las mías. Ni siquiera tú... !Te lo demostraré!

Tras proferir aquella inquietante amenaza, Eros se marchó de allí.Y desde ese mismo instante, esperó pacientemente el momento de ejecutar su venganza.
Una mañana, siguiendo su costumbre, Apolo salió a pasear por el bosque. No podía sospechar que Eros lo esperaba oculto entre los matorrales.Cuando el niño tuvo a Apolo a su alcance, le disparó una flecha. Era una flecha de madera de ciprés, con la punta de oro: la flecha del amor. Satisfecho, Eros se dirigió velozmente a un arroyo cercano. Allí se encontraba Dafne, la hermosa ninfa hija del río Peneo. El pequeño dios le disparó a la ninfa una flecha con la punta de bronce. Quienes resultaban heridos por ella rechazaban a los que se atrevían a amarlos. Así comenzó una historia de amor imposible.
Un día, Dafne recogía flores silvestres cuando Apolo , de repente, la vio. Él sintió que su
corazón se agitaba e intentó acercarse a la ninfa para hablar con ella. Ella, al advertir su presencia, se escondió entre los árboles.
Desde ese momento, una y otra vez, Apolo recorrió incansable el lugar donde había visto a Dafne. Ya no podía disfrutar con el frescor de las mañanas o los hermosos colores del atardecer , sólo quería encontrar a la ninfa y declararle su amor. Muchas veces Apolo conseguía verla , pero ella siempre lo rehuía:

Apolo: ¡Detente! Por favor, no corras , no quiero hacerte daño …

Pero Dafne escapaba y Apolo sufría imaginando que ella pudiera tropezar y lastimarse en su huída.
Una mañana, mientras Dafne descansaba junto a un árbol, Apolo intentó acercarse sigilosamente. En cuanto ella se dio cuenta, echó a correr como otras veces. Apolo la persiguió entre los árboles, junto al claro del camino, por la orilla del río... Dafne estaba agotada.
Y,afligida por aquella situación que la obligada a huir sin tregua, suplicó a Peneo:

Dafne: Ayúdame, padre! Tú tienes poderes divinos. Quítame esta apariencia que me atormenta. Te lo ruego: concédeme otro cuerpo en el que vivir sin turbación.

Dafne no había acabado de hablar cuando notó que sus pies se hacían pesados. Luego, se sintió atada a la Tierra: le habían brotado raíces. Su piel se cubrió de una tierna corteza, los brazos se convirtieron en ramas y el pelo se llenó de hojas alargadas de color verde oscuro...La ninfa se había convertido en un hermoso árbol, un esbelto laurel de frondosa copa. Cuando Apolo llegó, aún pudo advertir en aquel árbol el alma de su amada y comprendió lo ocurrido. Llorando, abrazó el tronco del laurel y dijo:

Apolo: Dafne, querida mía …, no te olvidaré nunca. Siempre te llevaré conmigo.

Y tomando unas hojas del árbol, tejió una corona que se colocó sobre la cabeza. Desde entonces, la corona de laurel ha acompañado las glorias de los héroes.


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