miércoles, 2 de mayo de 2018
Los tres toritos
La princesa muda
Las tres preguntas
domingo, 18 de diciembre de 2016
Miguelín, el valiente
domingo, 28 de septiembre de 2014
Garbancito.
martes, 10 de febrero de 2009
La flor de lililá.
LA FLOR DE LILILA.
Había una vez un rey, que de tanto llorar la pérdida de su amada, se le secaron las lágrimas, y se quedó ciego. Los médicos dijeron que sólo la flor de Lililá podría curarlo. Pero nadie sabía dónde estaba esa flor. El rey mandó entonces a sus tres hijos a buscar la flor por todas partes y les dijo que aquél que se la trajera heredaría su corona.
Salió el hijo mayor en su caballo, y encontró por el camino a una pobre vieja que le pidió pan. Y él le dijo de muy malos modos:
- ¡Apártate de mi camino vieja bruja!
Siguió adelante pero pronto halló la desgracia. Se cansó de andar de un lado para otro sin llegar a ningún sitio, y cuando quiso volver atrás ya era demasiado tarde.
Al ver que no regresaba, salió en su caballo el de en medio a buscara a la flor. También se encontró con la misma pobre vieja y al pedirle pan, su respuesta fue idéntica:
- ¡Apártate de mi camino vieja bruja!
El bosque sin caminos se lo tragó como al primero.
Al ver que sus hermanos no llegaban, cogió el más pequeño su caballo y salió a probar suerte. Se encontró con la misma pobre vieja, que le pidió pan, y el muchacho le dio una hogaza entera. La vieja le preguntó:
- ¿Qué andas buscando, hijo?
- La flor de Lililá, para curar a mi padre enfermo.
La vieja sacó un huevo y le dijo:
- En el camino encontrarás una enorme piedra negra. Estrella el huevo contra ella y se abrirá un hermoso jardín donde está la flor. Pero has de tener cuidado porque lo guarda un león. Si tiene los ojos abiertos es que está dormido, y podrás pasar; pero si el león tiene los ojos cerrados es que está despierto.
Al día siguiente, el príncipe encontró la piedra negra. Estrelló el huevo y un hermoso jardín se abrió ante sus ojos, donde estaba la flor de lililá, que era blanca y resplandeciente y olía a gloria. El león tenía los ojos abiertos; podía pasar. Y cuando las yemas de sus dedos fueron a tocar el tallo, la flor se desprendió y se acostó en su mano.
Ya de regreso se encontró con sus dos hermanos. Se pusieron muy contentos al saber que el pequeño llevaba la flor de Lililá. Pero luego pensaron que si lo mataban y le quitaban la flor, ellos se repartirían el reino. Y aquella noche de luna llena, con un cuchillo tan frío como el hielo, los dos hermanos lo mataron, le quitaron la flor y lo enterraron. Pero…, un dedo quedó fuera, y de este dedo creció una caña y un pastor que la vio, la cortó, y se hizo una flauta. Al tocarla sonó una canción que decía así:
"Pastorcillo, no me toques,
ni me dejes de tocar,
que me han muerto mis hermanos,
por la flor de Lililá.”
El pastorcillo siguió tocando y llegó al pueblo. Entonces la canción llegó a oídos del rey, que ya había recuperado la vista con la flor, y mandó llamar al pastorcillo. Le pidió la flauta para tocarla y la canción dijo:
"Padre mío no me toques,
que tendré que denunciar
que me han muerto mis hermanos,
por la flor de Lililá."
Y el rey entonces comprendió lo que había pasado. Fue corriendo al lugar donde el pastor había cortado la caña y desenterró a su hijo que resucitó. El rey, abrazado a su hijo, pronunció estas palabras
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martes, 16 de septiembre de 2008
YO DOS Y TÚ UNO.
Yo dos y tú uno.
Dicen que era un matrimonio que no tenía familia. Ya llevaban muchos años de casados. Una noche se pusieron a cenar y, como siempre, preparó ella tres huevos fritos: uno para ella y dos para su marido. Pero aquella noche no sé que bicho le picó a la mujer, que dice:
- Mira, ya estoy harta de que todas las noches te comas tú dos huevos y yo uno. Esta noche va a ser al revés: tú uno y yo dos.
- Ni hablar. Yo dos y tú uno. Como siempre.
- ¿Y eso por qué?
- Porque lo digo yo y en casa la autoridad la tiene el marido.
- Pues ni hablar. Esta noche, tú uno y yo dos.
- Que no.
- Que sí.
Bueno, pues estuvieron discutiendo un rato y ninguno daba su brazo a torcer. Ya cansado el marido, le dice:
- Como insistas, me muero.
- Pues muérete.
Entonces él se hizo el muerto y la mujer salió a la calle gritando:
- ¡Ay, que mi maridito se ha muerto! ¡Que se me ha muerto mi marido!
Vino el cura y le prepararon el entierro. Ya lo llevaban para el cementerio, y la mujer se acercaba a las andas, diciendo:
- ¡Dejadme, dejadme que lo bese por última vez!
Y con este pretexto se le acercaba a la cara y le decía al oído:
- Tú uno y yo dos.
- Yo dos y tú uno.
Y el entierro seguía. Ya llegaban al cementerio y otra vez se acercaba ella:
- Mira que voy a dejar que te entierren.
- La autoridad es la autoridad: yo dos y tú uno.
Conque llegaron al cementerio. Lo bajan de las andas y ya van a ponerlo en la sepultura. Otra vez ella, gritando, se le echa encima y le dice al oído:
- ¡Dejadme, dejadme que lo bese por última vez! Por última vez: Tú uno y yo dos.
- Ni hablar. Que me entierren.
Y como ya lo iban bajando, dice ella:
- ¡Está bien, cómete los tres pedazo de animal!
Y entonces él se incorporó de un salto y salió gritando:
- ¡Que me como tres, que me como tres!
La gente, que no sabía lo que estaba pasando, echó a correr atemorizada, y un cojo que iba en la comitiva decía:
- No corráis tanto, hombre, por lo menos que pueda escoger.
Y colorín colorado, el que no levante el culo del asiento será enterrado.
(Adaptación de un cuento de Antonio Rodríguez Almodóvar).
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