viernes, 20 de marzo de 2015
Tío Grillo, el adivino.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Garbancito.
miércoles, 2 de abril de 2014
Bien puede ser.
sábado, 28 de febrero de 2009
Mínimo.
MíNIMO
Cuentan que hace mucho tiempo, en un hermoso valle, el valle de Buenasuerte, existía un reino en el que todos sus habitantes vivían felices, por poco que tuvieran. Los ríos desbordaban peces, y el bosque estaba repleto de animales. Y enn primavera, los verdes campos de trigo se mecían como olas por el viento fresco y suaves que los recorría.
Pero también cuentan que un día, unas nubes plomizas y frías, se adueñaron del reino de Buenasuerte y con ellas, también llegaron el miedo y la desconfianza.
Un niño, que se llamaba Mínimo, y que era tan delgado y esbelto como una espiga de trigo, sintió dentro de su pecho el eco de las últimas palabras de su buen amigo el cordelero, que antes de morir le dijo así:
- Mínimo, amigo mío, pronto voy a morir. Ven y toma esta cuerda para cuando quieras llegar más alto. Pero recuerda, Mínimo, que sólo tienes que usarla en beneficio de todos.
Y Mínimo, aún con lágrimas en sus ojos, cogió la cuerda y dirigiéndose a lo más espeso del bosque, se situó delante el árbol más alto; trepó por el como un gato hasta la copa y ya allí, esperanzado, tomó la cuerda entre sus manos y le dijo así:
- ¡Soguita, ténsate!
Y la cuerda se tensó. Y Mínimo comenzó a subir, y a subir y a subir..., hasta que llegó a las nubes, y les habló a ellas; pero ellas no le respondieron. Esperó a que el sol se colgara en el cielo y decidido le habló así:
- ¡Hola, sol, soy yo Mínimo!
- ¡Hola, pequeño! ¿Qué te trae por aquí?
- He venido a hablar con las nubes para que se vayan, pero ellas no me responden.
-Y, ¡cómo quieres que te respondan las nubes! Las nubes no hablan. Además, eso no es problema de las nubes; eso es problema del viento. El viento fresco y suave que antes soplaba por aquí y ya no sopla. Por eso ya no es para nosotros Vientón Fresco Suave, sino Soplón Vago.
-Pero, señor, nosotros pasamos hambre y frío...
-Ve y habla con él, aunque no creo que te eche mucha cuenta: Anda últimamente muy deprimido. ¡Suerte, pequeño! Estoy deseando de volver a ver vuestro hermoso valle para ponerlo bien calentito en primavera...
- ¡Gracias, sol!
Y Mínimo, dirigiendo sus pasos hacia lo más oscuro de las nubes, se encontró con un rostro que no era otro que el de "Soplón Vago"...
-¡Ahhhhh.... ! No tengo fuerzas ni para respirar...; me falta el aire para soplar.
-¡Eh, Soplón Vago, soy yo, Mínimo!
-Sííí..., bien pequeño que eres.
-Desde que usted no sopla, las nubes no se van.
-¡Qué pena, qué pena, qué pena…!,
que no podáis volver a ver el sol en primavera,
pero desde que se fue mi dulce amor,
mi vida ha dejado de tener
sentido
y ya no halla mi alma cuidados.
Y Mínimo, comprendiendo lo que necesitaba Soplón Vago, le dijo así:
-Señor, se me ocurre una idea: Si usted sopla una vez, para que las nubes se vayan, me iré contigo.
- ¿Me ofreces compañía?, ¡me ofreces compañía! Ah, bueno, entonces soplaré.
Y, de esta manera, se fueron las nubes del valle de Buenasuerte..., y con ellas también se fue Mínimo. Su vida transcurría así: Cuando tenía hambre, lentamente Soplón Vago bajaba sobre las copas de los árboles y Mínimo recogía los frutos más maduros; cuando tenía sed, Soplón Vago hendía su lengua en el río y Mínimo en un remanso su sed sosegaba.
Un día, Soplón Vago percibió:
-¡Qué agradable perfume! ¡Aquí entran ganas de respirar y soplar!
Un viento, con el suave aroma a limón de la yerbaluisa, había prendido el corazón de Soplón Vago y Mínimo, comprendiendo que su amigo se había enamorado, le dijo así:
- Soplón Vago, ya no me necesitas. Devuélveme a mi reino y regresa con ella.
Y, Soplón Vago, que ya no era tan vago, tomando a su fiel compañero, lo elevó al aire, y sabiendo que le daba el último paseo, lo dejó en la copa del árbol por la que él había subido al cielo.
Y, colorín colorado, este cuento se ha terminado.
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martes, 16 de septiembre de 2008
YO DOS Y TÚ UNO.
Yo dos y tú uno.
Dicen que era un matrimonio que no tenía familia. Ya llevaban muchos años de casados. Una noche se pusieron a cenar y, como siempre, preparó ella tres huevos fritos: uno para ella y dos para su marido. Pero aquella noche no sé que bicho le picó a la mujer, que dice:
- Mira, ya estoy harta de que todas las noches te comas tú dos huevos y yo uno. Esta noche va a ser al revés: tú uno y yo dos.
- Ni hablar. Yo dos y tú uno. Como siempre.
- ¿Y eso por qué?
- Porque lo digo yo y en casa la autoridad la tiene el marido.
- Pues ni hablar. Esta noche, tú uno y yo dos.
- Que no.
- Que sí.
Bueno, pues estuvieron discutiendo un rato y ninguno daba su brazo a torcer. Ya cansado el marido, le dice:
- Como insistas, me muero.
- Pues muérete.
Entonces él se hizo el muerto y la mujer salió a la calle gritando:
- ¡Ay, que mi maridito se ha muerto! ¡Que se me ha muerto mi marido!
Vino el cura y le prepararon el entierro. Ya lo llevaban para el cementerio, y la mujer se acercaba a las andas, diciendo:
- ¡Dejadme, dejadme que lo bese por última vez!
Y con este pretexto se le acercaba a la cara y le decía al oído:
- Tú uno y yo dos.
- Yo dos y tú uno.
Y el entierro seguía. Ya llegaban al cementerio y otra vez se acercaba ella:
- Mira que voy a dejar que te entierren.
- La autoridad es la autoridad: yo dos y tú uno.
Conque llegaron al cementerio. Lo bajan de las andas y ya van a ponerlo en la sepultura. Otra vez ella, gritando, se le echa encima y le dice al oído:
- ¡Dejadme, dejadme que lo bese por última vez! Por última vez: Tú uno y yo dos.
- Ni hablar. Que me entierren.
Y como ya lo iban bajando, dice ella:
- ¡Está bien, cómete los tres pedazo de animal!
Y entonces él se incorporó de un salto y salió gritando:
- ¡Que me como tres, que me como tres!
La gente, que no sabía lo que estaba pasando, echó a correr atemorizada, y un cojo que iba en la comitiva decía:
- No corráis tanto, hombre, por lo menos que pueda escoger.
Y colorín colorado, el que no levante el culo del asiento será enterrado.
(Adaptación de un cuento de Antonio Rodríguez Almodóvar).
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