sábado, 28 de febrero de 2009

Mínimo.


MíNIMO


Cuentan que hace mucho tiempo, en un hermoso valle, el valle de Buenasuerte, existía un reino en el que todos sus habitantes vivían felices, por poco que tuvieran. Los ríos desbordaban peces, y el bosque estaba repleto de animales. Y enn primavera, los verdes campos de trigo se mecían como olas por el viento fresco y suaves que los recorría.

Pero también cuentan que un día, unas nubes plomizas y frías, se adueñaron del reino de Buenasuerte y con ellas, también llegaron el miedo y la desconfianza.

Un niño, que se llamaba Mínimo, y que era tan delgado y esbelto como una espiga de trigo, sintió dentro de su pecho el eco de las últimas palabras de su buen amigo el cordelero, que antes de morir le dijo así:

- Mínimo, amigo mío, pronto voy a morir. Ven y toma esta cuerda para cuando quieras llegar más alto. Pero recuerda, Mínimo, que sólo tienes que usarla en beneficio de todos.

Y Mínimo, aún con lágrimas en sus ojos, cogió la cuerda y dirigiéndose a lo más espeso del bosque, se situó delante el árbol más alto; trepó por el como un gato hasta la copa y ya allí, esperanzado, tomó la cuerda entre sus manos y le dijo así:

- ¡Soguita, ténsate!

Y la cuerda se tensó. Y Mínimo comenzó a subir, y a subir y a subir..., hasta que llegó a las nubes, y les habló a ellas; pero ellas no le respondieron. Esperó a que el sol se colgara en el cielo y decidido le habló así:

- ¡Hola, sol, soy yo Mínimo!

- ¡Hola, pequeño! ¿Qué te trae por aquí?

- He venido a hablar con las nubes para que se vayan, pero ellas no me responden.

-Y, ¡cómo quieres que te respondan las nubes! Las nubes no hablan. Además, eso no es problema de las nubes; eso es problema del viento. El viento fresco y suave que antes soplaba por aquí y ya no sopla. Por eso ya no es para nosotros Vientón Fresco Suave, sino Soplón Vago.

-Pero, señor, nosotros pasamos hambre y frío...

-Ve y habla con él, aunque no creo que te eche mucha cuenta: Anda últimamente muy deprimido. ¡Suerte, pequeño! Estoy deseando de volver a ver vuestro hermoso valle para ponerlo bien calentito en primavera...

- ¡Gracias, sol!

Y Mínimo, dirigiendo sus pasos hacia lo más oscuro de las nubes, se encontró con un rostro que no era otro que el de "Soplón Vago"...

-¡Ahhhhh.... ! No tengo fuerzas ni para respirar...; me falta el aire para soplar.

-¡Eh, Soplón Vago, soy yo, Mínimo!

-Sííí..., bien pequeño que eres.

-Desde que usted no sopla, las nubes no se van.

-¡Qué pena, qué pena, qué pena…!,

que no podáis volver a ver el sol en primavera,

pero desde que se fue mi dulce amor,

mi vida ha dejado de tener

sentido

y ya no halla mi alma cuidados.

Y Mínimo, comprendiendo lo que necesitaba Soplón Vago, le dijo así:

-Señor, se me ocurre una idea: Si usted sopla una vez, para que las nubes se vayan, me iré contigo.

- ¿Me ofreces compañía?, ¡me ofreces compañía! Ah, bueno, entonces soplaré.

Y, de esta manera, se fueron las nubes del valle de Buenasuer­te..., y con ellas también se fue Mínimo. Su vida transcurría así: Cuando tenía hambre, lentamente Soplón Vago bajaba sobre las copas de los árboles y Mínimo recogía los frutos más maduros; cuando tenía sed, Soplón Vago hendía su lengua en el río y Mínimo en un remanso su sed sosegaba.

Un día, Soplón Vago percibió:

-¡Qué agradable perfume! ¡Aquí entran ganas de respirar y soplar!

Un viento, con el suave aroma a limón de la yerbaluisa, había prendido el corazón de Soplón Vago y Mínimo, comprendiendo que su amigo se había enamorado, le dijo así:

- Soplón Vago, ya no me necesitas. Devuélveme a mi reino y regresa con ella.

Y, Soplón Vago, que ya no era tan vago, tomando a su fiel compañero, lo elevó al aire, y sabiendo que le daba el último paseo, lo dejó en la copa del árbol por la que él había subido al cielo.

Y, colorín colorado, este cuento se ha terminado.


Todos los Cuentos Actuales de este blog los encontrarás reunidos aquí.


Si quieres escuchar el audio de este cuento lo encontrarás pinchando aquí.

martes, 10 de febrero de 2009

La flor de lililá.

BubbleShare: Share photos - Play some Online Games.




LA FLOR DE LILILA.

Había una vez un rey, que de tanto llorar la pérdida de su amada, se le secaron las lágrimas, y se quedó ciego. Los médicos dijeron que sólo la flor de Lililá podría curarlo. Pero nadie sabía dónde estaba esa flor. El rey mandó entonces a sus tres hijos a buscar la flor por todas partes y les dijo que aquél que se la trajera heredaría su corona.

Salió el hijo mayor en su caballo, y encontró por el camino a una pobre vieja que le pidió pan. Y él le dijo de muy malos modos:

- ¡Apártate de mi camino vieja bruja!

Siguió adelante pero pronto halló la desgracia. Se cansó de andar de un lado para otro sin llegar a ningún sitio, y cuando quiso volver atrás ya era demasiado tarde.

Al ver que no regresaba, salió en su caballo el de en medio a buscara a la flor. También se encontró con la misma pobre vieja y al pedirle pan, su respuesta fue idéntica:

- ¡Apártate de mi camino vieja bruja!

El bosque sin caminos se lo tragó como al primero.

Al ver que sus hermanos no llegaban, cogió el más pequeño su caballo y salió a probar suerte. Se encontró con la misma pobre vieja, que le pidió pan, y el muchacho le dio una hogaza entera. La vieja le preguntó:

- ¿Qué andas buscando, hijo?

- La flor de Lililá, para curar a mi padre enfermo.

La vieja sacó un huevo y le dijo:

- En el camino encontrarás una enorme piedra negra. Estrella el huevo contra ella y se abrirá un hermoso jardín donde está la flor. Pero has de tener cuidado porque lo guarda un león. Si tiene los ojos abiertos es que está dormido, y podrás pasar; pero si el león tiene los ojos cerrados es que está despierto.

Al día siguiente, el príncipe encontró la piedra negra. Estrelló el huevo y un hermoso jardín se abrió ante sus ojos, donde estaba la flor de lililá, que era blanca y resplandeciente y olía a gloria. El león tenía los ojos abiertos; podía pasar. Y cuando las yemas de sus dedos fueron a tocar el tallo, la flor se desprendió y se acostó en su mano.

Ya de regreso se encontró con sus dos hermanos. Se pusieron muy contentos al saber que el pequeño llevaba la flor de Lililá. Pero luego pensaron que si lo mataban y le quitaban la flor, ellos se repartirían el reino. Y aquella noche de luna llena, con un cuchillo tan frío como el hielo, los dos hermanos lo mataron, le quitaron la flor y lo enterraron. Pero…, un dedo quedó fuera, y de este dedo creció una caña y un pastor que la vio, la cortó, y se hizo una flauta. Al tocarla sonó una canción que decía así:

"Pastorcillo, no me toques,

ni me dejes de tocar,

que me han muerto mis hermanos,

por la flor de Lililá.”

El pastorcillo siguió tocando y llegó al pueblo. Entonces la canción llegó a oídos del rey, que ya había recuperado la vista con la flor, y mandó llamar al pastorcillo. Le pidió la flauta para tocarla y la canción dijo:

"Padre mío no me toques,

que tendré que denunciar

que me han muerto mis hermanos,

por la flor de Lililá."

Y el rey entonces comprendió lo que había pasado. Fue corriendo al lugar donde el pastor había cortado la caña y desenterró a su hijo que resucitó. El rey, abrazado a su hijo, pronunció estas palabras

- He aquí a mi heredero. Esta es mi voluntad: ¡Que mis dos hijos traidores, vayan al destierro!


Todos los Cuentos Tradicionales de este blog los encontrarás reunidos aquí.

El audio de este cuento lo encontrarás pinchando aquí.

domingo, 25 de enero de 2009

El burro y el lobo.

BubbleShare: Share photos - Easy Photo Sharing


El burro y el lobo.
(Adaptación de una fábula de Esopo)

Había una vez un burro que estaba pastando tranquilamente en un prado cerca de un pueblo y vio cómo un lobo se escondía entre los árboles. El pobre enseguida se dio cuenta del peligro que corría y empezó a idear un plan para escapar de allí.

-Puedo salir corriendo…Pero no, no es buena idea. El lobo es más rápido que yo… Tampoco puedo ponerme a rebuznar para que acuda la gente del pueblo. Este prado está demasiado lejos y nadie me oiría.

El pobre animal seguía pensando y, después de estrujarse el cerebro durante un rato, se le ocurrió una idea para engañar al lobo y salir vivo de allí.

El burrito empezó a pasear por el prado fingiendo que cojeaba y quejándose de dolor. El lobo, que lo vigilaba desde unos matorrales, al verlo cojear, pensó que sería presa fácil. Así que salió de su escondite y se plantó frente a él.
-¡Qué suerte tengo! ¡Por fin encuentro alguien inteligente y hábil que me puede ayudar!
El lobo se sintió halagado.
-¿En qué podría yo ayudarte?
-¡Ay, amigo lobo! Me he clavado una espina en esta pata y seguro que tú conseguirás quitármela. Me molesta mucho, ¡y mira cómo cojeo!

Al lobo le pareció bien ayudar al burro. Después de todo, como se lo iba a zampar, mejor sería que no tuviese ninguna espina…

-A ver, a ver… Levanta la pata para que pueda saber dónde está exactamente.
Entonces el lobo se colocó detrás del burro y el lobo hizo todo lo que le decía el burro.
-Tendrás que acercarte un poco más para poder verla. Yo noto que está clavada bien dentro, muy profunda. Te va a costar sacarla, amigo lobo.

El lobo se acercó y se acercó a la pata y entonces… El burro le atizó una fuerte coz y salió corriendo todo lo que pudo.

El lobo se quedó tumbado en el suelo, aullando de dolor, con todas las muelas rotas, y, sobre todo, muy herido en su orgullo. El burro había demostrado ser muy listo, mucho más listo que él.
Al lobo mal herido y llorando su desventura, sólo se le ocurrió decir:
- Bien merecido lo tengo, porque siendo mi oficio de carnicero, ¿cómo se me ocurrió meterme a curandero?

Todos los Cuentos Tradicionales de este blog los encontrarás reunidos aquí.

El audio de esta fábula lo encontrarás pinchaco aquí.

martes, 6 de enero de 2009

El pollo que fue a cobrar un real.


EL POLLO QUE FUE A COBRAR UN REAL

Había una vez un pollo que escarbando, escarbando en la cuadra encontró un papelito que decía:

-El rey me da un real. Iré a Madrid a cobrarle este real al rey.

Y emprendió el camino hacia la corte. Cuando ya había recorrido un buen trecho se encontró con un lobo.

-¿Adónde vas, pollito, que te voy a comer?

-Voy a Madrid. Escarbando, escarbando en la cuadra, encontré un papelito que dice que el rey me dará un real y lo voy a cobrar. ¡Métete en mi tripa, que a la vuelta ya me comerás!

Y el lobo se metió en la tripita del pollito.

Andando, andando se encontró con un zorro.

-¿Adónde vas, pollito, que te voy a comer?

-Voy a Madrid. Escarbando, escarbando en la cuadra, encontré un papelito que dice que el rey me dará un real y lo voy a cobrar. ¡Métete en mi tripa, que a la vuelta ya me comerás!

Y el zorro se metió en la tripa del pollo. Siguió andando y llegó al mar y el mar le dijo:

-¿Adónde vas pollito, que te voy a ahogar?

-Voy a Madrid. Escarbando, escarbando en la cuadra, encontré un papelito que dice que el rey me dará un real y lo voy a cobrar.¡Métete en mi tripa, que a la vuelta ya me ahogarás!

Y el mar se metió en la tripa del pollito.

Finalmente llegó a las puertas del palacio y a todos los guardias les dijo que quería hablar con el rey. Éstos fueron a preguntárselo al rey quien les dijo:

-¡Bah, no hagáis caso! Llevadlo a la cuadra y veréis qué pronto lo matan los caballos.

Los guardias cogieron al pollito y lo encerraron en la cuadra con los caballos; pero el pollito, nada más llegar, soltó al lobo que llevaba en la tripa y éste mató a todos los caballos.

A la mañana siguiente los criados metieron al pollito en el corral y éste soltó al zorro que llevaba en su tripa y mató a todas las aves que allí estaban. Al día siguiente los criados dijeron al rey:

-Majestad ¡si vieseis lo que ha hecho el pollito en el corral! ¡Ha matado a todas las aves!

-¡Pues lo condeno a muerte! Preparad cien carros de leña y haced una hoguera para quemarlo a la puerta del palacio.

Los criados prepararon la leña y cuando toda la leña empezaba a arder, el pollito soltó el mar que llevaba en la tripa y el agua apagó el fuego e inundó todas las casas de Madrid. Cuando el agua llegaba ya a los balcones del palacio, se asomó el rey y gritando dijo:

-¡Pollito, no me ahogues! ¡No me ahogues! ¡Deja de soltar agua y te daré lo que quieras! ¡Te doy la mitad de mi reino!

Pero el pollito seguía soltando todo el agua que llevaba en la tripa. El rey, viendo que no paraba, le dijo:

-¡Pollito, no me ahogues! ¡Te doy la otra mitad de mi reino!

Así el rey se quedó sin reino y el pollito regresó a su casa muy contento, tirando monedas de oro y cantando:

“¡Quiquiriquí he ganado

quiquiriquí un reinado.”


Todos los Cuentos Tradicionales de este blog los encontrarás reunidos aquí.

El audio de este cuento lo encontrarás pinchando aquí.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

El tamborilero mágico.


El tamborilero mágico.

Érase una vez un tamborilero que volvía de la guerra. Era pobre, sólo tenía el tambor, pero a pesar de ello, estaba contento porque volvía a casa después de tantos años. Se le oía tocar desde lejos: Barabán, barabán, barabán…

Andando, andando encontró a una viejecita.

-Buen soldadito, ¿me das una moneda?

-Toma, sólo tengo ésta. Te la doy de buena gana porque debes necesitarla más que yo.

-Gracias, soldadito, y yo te daré algo a cambio.

-¿En serio? Pero no quiero nada.

-Sí, quiero darte un pequeño encantamiento. Será éste: siempre que tu tambor redoble todos tendrán que bailar. Todos bailarán y no podrán pararse si tú no dejas de tocar.

Y el soldadito reemprendió el camino para regresara casa. Andando, andando…, de repente salieron tres bandidos del bosque.

-¡La bolsa o la vida!

-¡Por el amor de Dios! ¡Adelante! Cojan la bolsa. Pero les advierto que está vacía.

Os bandidos miraron, buscaron y hurgaron. Y naturalmente no encontraron ni siquiera una perra chica.

-Eres un desarrapado. Paciencia. Nos llevaremos el tambor para tocar un poco.

-¿Me dejaréis tocar un poquito antes de llevároslo? Así os enseñaré cómo se hace ¿eh?

-Pues claro, toca un poco.

Eso, eso, yo toco y vosotros ¡y vosotros bailáis!

Y había que verles bailar a esos tres tipejos. Parecían tres osos de feria.

Al cabo de un rato empezaron a resoplar. Intentaron pararse, y no lo consiguieron. Estaban cansados, sofocados, leudaba vueltas la cabeza, pero el encantamiento del tambor les obligaba a bailar, y a bailar, y a bailar…

Pero el tamborilero, prudentemente, sólo paró cuando les vio derrumbarse en el suelo sin fuerzas y sin aliento.

-¡Eso es, así no podréis perseguirme!

Y él, a escape. De vez en cuando, por precaución, daba algún golpecillo al tambor. Y enseguida se ponían a bailar las liebres en sus madrigueras, o las ardillas sobre las ramas, o las lechuzas en sus nidos, que se vieron obligadas a despertarse en pleno día…

Y siempre adelante, el buen tamborilero caminaba y corría para llegar a su casa…

PRIMER FINAL.

Andando, andando el tambolirero pensó que el hechizo haría su fortuna. Así que cuando vio cómo se acercaba una diligencia la hizo parar y comenzó a tocar su tambor. Caballos y pasajeros comenzaron a bailar. Mientras el tocaba con una mano con la otra hizo caer tres cajas repletas de oro que transportaban en la diligencia. Ésta volvió a ponerse en camino sin su preciosa carga. Y he aquí al tamborilero millonario...Se construyó un chalet, vivió de las rentas y se casó con la hija del gobernador. Y cuando necesitaba dinero, le bastó con su tambor.

SEGUNDO FINAL:

Andando, andando el tamborilero vio a un cazador a punto de disparar a un tordo. Bambarambambán...el cazador deja caer su escopeta y se puso a bailar. Y el tordo escapa.
Y así el generoso soldadito echaba mano de su tambor siempre que se trataba de un acto de injusticia, prepotencia o abuso. Y encontró tantas arbitrariedades que nunca consiguió llegar a casa. Pero de todas formas pensó contento que su casa estaría donde pudiera hacer el bien con su tambor.

TERCER FINAL:

Andando, andando el tamborilero quiso saber cómo funcionaba el encantamiento. Hizo con el cuchillo un agujerito en la piel. Dentro no había nada de nada. Y reemprendió su camino, batiendo alegremente sus palillos. Pero ahora ya no bailan al son del tambor las liebres, las ardillas ni los pájaros en las ramas. Las lechuzas no se despiertan. El sonido parece el mismo pero el hechizo ya no funciona. El tamborilero está más contento así.



Todos los Cuentos Actuales de este blog los encontrarás reunidos aquí.

El audio de este cuento adaptado de Rodari lo tienes aquí.

viernes, 19 de diciembre de 2008

El PRÍNCIPE FELIZ.(Cuentos ilustrados 5)





EL PRÍNCIPE FELIZ.
(Adaptación de un cuento de OSCAR WILDE)

En la parte más alta de la ciudad, sobre una columna, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de oro. Tenía, por ojos, dos zafiros y un gran rubí rojo en el puño de su espada.
Un día una golondrina se cobijó debajo de la estatua y le cayó encima una pesada gota de agua. Miró hacia arriba y vio los ojos del Príncipe Feliz arrasados de lágrimas. El Príncipe le contó que cuando estaba vivo no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación. Por eso le llamaban el Príncipe Feliz. Ahora veía las miserias de la ciudad y que por eso lloraba. Le dijo que podía ver a una pobre mujer que bordaba sobre un vestido. Su hijito estaba enfermo, tenía fiebre y su madre no podía darle más que agua. Le pidió le llevara el rubí del puño de su espada.
La Golondrina, aunque debía partir para Egipto, apenada por la mirada del Príncipe Feliz, se quedó y llevó el gran rubí a la mujer dejándolo en el dedal de la costurera.
Al día siguiente al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz para despedirse.
-Golondrina, allá abajo veo a un joven en una buhardilla. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío y hambre para escribir más. Llévale uno de mis ojos. Son unos zafiros extraordinarios. Lo venderá, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.
Entonces la Golondrina arrancó el ojo, voló hacia la buhardilla del estudiante y lo dejó sobre la mesa.
Al día siguiente al salir la luna, volvió hacia el Príncipe para despedirse.
-¡Golondrina!, ¿no te quedarás conmigo una noche más? Allá abajo, en la plazoleta a una niña vendedora de cerillas se le han caído las cerillas al arroyo. Su padre le pegará. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.
La Golondrina entregó el otro zafiro a la niña, voló de vuelta hacia el Príncipe y le dijo que se quedaría con él para siempre.
Durante esos días la Golondrina volaba por la ciudad y luego le contaba la miseria en la que vivían los niños y mendigos. Entonces el Príncipe le dijo:
-Estoy cubierto de oro fino despréndelo hoja por hoja y dáselo a los pobres.
Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino y hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres.
Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo. La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.
Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, amado Príncipe! Permitid que os bese la mano.
-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto adonde voy a ir. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?
Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.
En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua. La coraza de plomo se había partido en dos.
A la mañana siguiente, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad. Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.
-¡Dios mío! ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz! El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado. Y tiene a sus pies un pájaro muerto.
Entonces fue derribada la estatua y la fundieron. Pero el corazón de plomo no quiso fundirse en el horno y fue arrojado como desecho al montón de basura en el que yacía la golondrina muerta.
Cuentan que Dios le pidió a un ángel que trajera las dos cosas más preciosas de la ciudad. Y el ángel le llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.

Todos los Cuentos Tradicionales de este blog los encontrarás aquí.

El audio de este cuento lo encontrarás pinchado aquí.

sábado, 8 de noviembre de 2008

EL ZURRÓN QUE CANTABA



EL ZURRON QUE CANTABA.

Érase una vez una pobre mujer que sólo tenía una niña a la que quería mucho. Un día le regaló unos zapatitos de charol.
Cierto día la mandó a buscar agua a la fuente con un búcaro. La niña obedeció y cuando llegó a la fuente, se quitó los zapatitos para que no se le mancharan. Pero junto a la fuente estaba sentado un mendigo, viejo y muy feo, que llevaba un enorme zurrón y que no dejaba de mirar a la niña con ojos perversos. La niña, que se había dado cuenta de cómo la observaba, sintió miedo, limpió y llenó su búcaro y emprendió el camino de regreso a su casa.
Cuando llegó a su casa se dio cuenta de que había olvidado sus zapatitos junto al pilón. La niña volvió para recuperarlos. Pero cuando llegó, el mendigo todavía estaba allí y los zapatitos habían desaparecido.

- ¿Andas buscando algo, pequeña?
- Sí. Había olvidado en el pilón unos zapatitos de charol. Venía a recogerlos.
- ¡Ah, eran tuyos! Has tenido suerte. Yo te los he guardado.
- ¡Si! ¿Dónde están?
- Aquí, en mi zurrón. Ven a recogerlos; no tengas miedo... Ahí, en el fondo del zurrón los encontrarás. Recógelos tú misma.

Y la niña metió la mano en el zurrón, y en ese momento el viejo la empujó y la metió adentro.
Luego ató con una cuerda la boca del zurrón y se lo cargó al hombro. La niña gemía y suplicaba que la sacara de allí y el viejo le decía:

-¡Nunca más verás a tu madre! ¡Deja de llorar! Y, si quieres comer, tendrás que cantar cuando yo te diga:
"Canta, zurrón, canta,
o, si no, te doy con la palanca."

Y así se la llevó por los pueblos para ganarse la vida. A todas las partes que llegaba, en vez de pedir limosna, colocaba el zurrón en medio de la plaza y le decía:
"Canta, zurrón, canta,
o, si no, te doy con la palanca."

Entonces la niña se ponía a cantar:

- “En un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré,
por culpa de unos zapatos
que en la fuente me dejé.”


Cantaba tan bien la niña, que todos querían oírla y el viejo fue llenando sus bolsillos con las monedas que le daban a cambio de hacer cantar el zurrón.

Pasó el tiempo y un día el viejo volvió al pueblo de donde era la niña. Quiso el azar que colocara el zurrón delante de la puerta de la casa de la madre de la niña. La niña comenzó a cantar y su madre reconoció su voz. Entonces ella dijo:

- Buen hombre, no tengo dinero que darle... Pero como es tarde y amenaza lluvia, podéis cenar y pasar la noche en mi casa.

El viejo aceptó y tras la cena se quedó dormido como un lirón. Entonces la madre abrió el zurrón, sacó a su hija y se la comió a besos. Le dio de comer, la acostó y la arropó cálidamente en su cama.
Pasaban por allí un perro, un gato y un conejo. Metió dentro del zurrón al perro y al gato, y dejó libre al conejo porque los conejos no hacen daño a nadie.
A la mañana siguiente, el mendigo se despidió y emprendió su camino. Y a la puerta de una casa dijo:
"Canta, zurrón, canta,
o, si no, te doy con la palanca."
En aquel momento, el perro y el gato que estaban dentro de zurrón dijeron:

- Viejo pícaro:¡Guau, guau!
- Viejo perverso:¡Miau, miau!

El malvado mendigo, creyendo que era la niña quien eso decía, abrió el zurrón para pegarle con la palanca. Entonces el gato se abalanzó sobre él y le sacó los ojos; mientras el perro de un mordisco, le arrancó la nariz.

Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado.

Todos los Cuentos Tradicionales de este blog los encontrarás reunidos aquí.

El audio de este cuento se encuentra aquí.