lunes, 3 de septiembre de 2012

La anciana astuta.

La anciana astuta.
(Cuento popular francés)


Narrador: Hace mucho tiempo, la ciudad francesa de Carcasona sufrió un durísimo asedio y sus habitantes se quedaron sin nada que comer. El hambre y las enfermedades mataron a mucha gente, y las pocas personas que quedaban con vida comenzaron a desesperarse. El alcalde de la ciudad reunió entonces en la plaza mayor a todos los vecinos y les habló así:
Alcalde: Amigos, nuestras provisiones se han agotado. No tenemos más remedio que rendirnos.
Narrador: Las palabras palabras del alcalde causaron una profunda conmoción, y todos guardaron silencio. De pronto, una anciana que se encontraba entre la multitud exclamó furiosa:
Anciana: ¿Rendirnos? ¡De ninguna manera! No podemos consentirlo.
Alcalde: ¡No hay más remedio que hacerlo!
Anciana: Tenemos que intentar algo. Escuchad: yo tengo un plan. Si hacéis lo que os diga, la ciudad se salvará.
Narrador: El alcalde se quedó muy sorprendido por la seguridad con la que se expresaba aquella mujer y decidió que valía la pena escuchar su propuesta.
Alcalde: Bien. Dinos qué necesitas para llevar a cabo tu idea.
Anciana: Traedme una vaca.
Alcalde: ¿Una vaca? No sabes lo que dices. Si fuera tan fácil encontrar una vaca, no estaríamos en esta situación. ¡No queda ningún animal vivo en toda la ciudad!
Anciana: ¡Traedme una vaca!
Narrador: El alcalde no tuvo más remedio que ordenar a su soldados que registraran todas las casas, una por una , para ver si encontraban alguna vaca. Por fin, en el establo de un granjero avaro apareció una vaca que el hombre había escondido para venderla a un buen precio cuando ya no hubiera nada que comer. Los soldados se apoderaron de la vaca y se la llevaron a la anciana.
Anciana: Ahora, necesito medio saco de trigo.
Alcalde: ¿Trigo? ¡Imposible! ¡No hay un solo grano de trigo en toda la ciudad!
Anciana: ¡Traedma trigo!
Narrador: Y otra vez los soldados fueron por las casas para ver si conseguían reunir lo que la anciana había pedido. Y con un puñadito aquí y otro allá, por fin lograron hacerse con medio saco de trigo. En cuanto los soldados volvieron con el trigo, la anciana se lo dio de comer a la vaca, ante el asombro del alcalde y de cuantos estaban con él. Luego, cuando la vaca terminó de comer, la mujer le ató una cuerda al cuello y la llevó hasta las murallas de la ciudad. Una vez allí, ordenó a un soldado que abriera la puerta y empujó a la vaca con todas sus fuerzas hacia el exterior.
Nada más ver a la vaca, los soldados enemigos la cogieron y la llevaron a su campamento.
Rey: ¿Dónde habéis encontrado esta vaca?- preguntó asombrado le rey a sus soldados.
Soldado: Estaba paciendo tranquilamente junto a las murallas, a las puerta de la ciudad.
Rey: ¡Eso significa que en Carcasona aún hay animales para alimentar a la población!
Soldado: En cambio, nosotros no tenemos carne fresca desde hace muchísimo tiempo.
Narrador: Los soldados mataron a la vaca para comérsela y vieron que el animal tenía el estómago lleno de trigo.
Soldado: ¡En Carcasona tienen trigo para alimentar a los animales!
Narrador: El rey, tras reflexionar unos minutos, dijo apesadumbrado:
Rey: Si los habitantes de Carcasona todavía disponen de grano para alimentar a sus animales, nosotros moriremos de hambre antes que ellos. Así que levantad el campamento. ¡Nos vamos de aquí!
Narrador: Y aquella misma noche se retiró el ejército enemigo.
Para celebrar el final del asedio, los habitantes de Carcasona pasearon triunfalmente a la anciana por las calles. Y siempre le mostraron su gratitud por haber librado a la ciudad de aquella situación tan terrible.

El audio de este relato lo puedes escuchar aquí.
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