jueves, 2 de julio de 2009

Seres Fantásticos II: Los duendes.



Los duendes.

De entre todas las criaturas fantásticas quizás sean los duendes los seres más traviesos. Por el día te dejarán en paz, pues es el momento que aprovechan para dormir, pero una vez que el sol se pone, se disponen a hacer de las suyas, despertando a los que quieren descansar gastándoles bromas pesadas. Si no creéis lo que os cuento, podéis preguntarle al señor Zacarías Well. El señor Zacarías Well se llevó toda la vida aguantando las travesuras de un duende burlón y caprichoso que vivía en su casa. Cuando llegaba la noche, el duende se dedicaba a bailar y a cantar; cuando no empleaba el tiempo en cambiar los muebles de sitio, se ocupaba en arrastraba cadenas por toda la casa, sin dejarle pegar ojo. El señor Zacarías Well no sabía qué hacer con aquella diminuta criatura. Había intentado por todos los medios deshacerse de él, pero sin ningún éxito.

Un día le hablaron de un hombre que conocía las costumbres de todas las criaturas mágicas del mundo y fue a hablar con él para que le ayudara. Durante tres semanas aquel hombre, que algunos consideraban brujo, estuvo rebuscando por toda la casa hasta que encontró un viejo relicario escondido en un rincón. Le contó al señor Zacarías que los duendes viven apegados a un objeto de la casa sin el que no saben vivir. Le dijo que alejando el objeto al que tenía apego, el duende también se alejaría. De modo que se llevó el relicario y lo escondió bien dentro en un cercano bosque y, de esta manera, desapareció el problema.

Sin embargo, al poco tiempo, el señor Zacarías Well le pidió al hombre al que todos consideraban brujo que le devolviera, por favor, el relicario. Éste no daba crédito a sus oídos. Y es que al señor Zacarías Well le habían bastado unos pocos días para darse cuenta de lo solo que se encontraba en aquella casa, y de que ya no sabía vivir sin el duende que le había acompañado durante toda la vida.



El audio de este relato lo encontrarás aquí.

Todos los audios y textos de esta categoría los tienes reunidos aquí.

lunes, 15 de junio de 2009

Incendio en los arrozales.


EL INCENDIO DE LOS ARROZALES


Había una vez un viejo muy sabio, que vivía en lo alto de una montaña, allá en el Japón. Alrededor de su casa, la tierra era llana y fértil y estaba toda cubierta de arrozales. Los arrozales pertenecían a la gente de un pueblecito situado más abajo, entre la alta montaña y el mar azul. Como la playa era tan estrecha, los campesinos habían hecho sus arrozales en la montaña. Todas las mañanas y todas las noches, el viejo y su nietecito que vivía con él, miraban el ir y venir de la gente en la estrecha calle del pueblo. Al pequeño le gustaban los arrozales, sabía que ellos le procuraban el alimento, y estaba siempre dispuesto para ayudar a su abuelo.

Un día, el abuelo estaba de pie ante la casa y miraba a lo lejos cuando, de pronto, vio algo muy extraño en el horizonte. Una especie de gran nube se levantó allí, como si el mar hubiera subido hacia el cielo. El viejo miró más fijamente y enseguida entró en la casa.

- ¡Yone! ¡Yone! Coge un tizón de fuego y tráelo aquí.

El pequeño Yone no comprendió para qué necesitaba fuego su abuelo, pero obedeció y llegó corriendo con un tizón. El viejo cogió otro y corrió hacia el arrozal más próximo. Yone le seguía extrañado. Pero, cuál no fue su espanto, al ver a su abuelo lanzar el tizón encendido en el campo del arroz.

-¡Oh, abuelo! ¿Qué haces?

-¡Deprisa, deprisa, echa el tuyo! ¡Prende fuego!

Yone creyó que su abuelo se había vuelto loco, y se puso a llorar; pero un niño japonés obedece siempre, de manera que, aún llorando, lanzó su antorcha en medio de las espigas, y una llama roja subió sobre los rastrojos, secos y apretados. El humo negro se elevaba hasta el cielo y las llamas se extendían devorando la preciosa cosecha.

Desde abajo, el pueblo vio aquel espectáculo y lanzó un grito de horror.

¡Ah! ¡Cómo corrían y trepaban todos a lo largo del sendero tortuoso! Ni uno solo quedó atrás. Cuando llegaron a la planicie y vieron sus arrozales devastados de aquella manera, gritaron con rabia:

- ¿Quién ha hecho esto? ¿Cómo ha sucedido?

- He sido yo quien lo ha incendiado.

- Es cierto. El abuelo lo ha incendiado.

La gente se acercó a él amenazándole con sus puños y gritando:

-¿Por qué, por qué? ¿Por qué lo has hecho viejo loco?

El viejo se volvió, y extendió la mano hacia el horizonte.

- Mirad allí.

Todos se volvieron y miraron. Y en el lugar donde el gran mar azul se extendía tranquilo unas horas antes, se levantaba ahora una espantosa muralla de agua desde la tierra hasta el cielo. No se oyó un solo grito. Aquella visión era terrible.

Unos momentos de espera... los corazones latían... y la muralla de agua rodó hacia la tierra y se abatió sobre la playa rompiéndose con un ruido espantoso contra la montaña. Una ola tras otra... no se veía más que agua; el pueblo había desaparecido.

Pero los habitantes se habían salvado. Y cuando comprendieron lo que el viejo había hecho, le rodearon de honores y cuidados, ya que gracias a su presencia de espíritu les había salvado del maremoto.


El audio de este cuento lo encontrarás pinchando aquí.

Todos los cuentos de esta categoría los encontrarás reunidos aquí.

martes, 2 de junio de 2009

Seres Fantásticos I: Las hadas.



Las hadas.

Preguntadle a alguien si cree en las hadas. Pocos confesarán que creen ellas, pero hubo un tiempo en el que el hombre y la naturaleza vivían en unión y las creía tan reales como nos son hoy un frigorífico o el televisor.

Cuentan que hace mucho tiempo, en el valle de Yorkshire, en Inglaterra, una lechera ordeñaba cada mañana las vacas de su granja, y era tan excelente la leche que daban, que todos sus vecinos disputaban por comprarla y que no les faltara. Pero esto unos años antes no era así. Veréis, la lechera notó que una de sus vacas, la mejor, había dejado de dar leche. No parecía enferma, sin embargo de sus ubres no se extraía ni una sola gota de leche. ¡Oh, misterio! La lechera recordó entonces un remedio que le había enseñado su abuela. Colocó en una esquina del establo un trébol de cuatro hojas, el cual tenía el don de alejar los malos espíritus. No sabía la pobre mujer que el trébol, si lo dejaba varias horas sin moverlo, anulaba la magia de las hadas y las hacía visibles a los ojos humanos. ¡Imaginaos la sorpresa que se llevó la lechera cuando descubrió a unas cuantas diminutas hadas que se llevaban en un cubo la leche de su vaca!

-¿Qué estáis haciendo? –les gritó.

Las hadas le contaron que la princesa Isayn había tenido un nuevo hijito y que no tenía leche suficiente para alimentarlo y el pequeño era muy tragón... Las hadas le prometieron que si les dejaba retirar la leche hasta que el bebé creciera, nunca le faltaría la leche en su granja.

Y así fue cómo la mujer consiguió hacerse con la mejor leche de la comarca, gracias a las hadas.



El audio de este relato lo encontrarás pinchando aquí.


Todos los textos y audios de esta categoría los encontrarás reunidos en el wiki pinchando aquí.


sábado, 4 de abril de 2009

Nuevo espacio. Información.

A partir de ahora en cada entrada encontraréis un enlace a un espacio nuevo –un wiki-, donde se agrupan todos los cuentos publicados en los tres blog que mantengo. Las categorías en las que se agrupan los relatos son cuatro:

- Concursos escolares.

- Cuentos tradicionales.

- Cuentos actuales.

- Cuentos para adultos.

La navegación y la localización de los cuentos se facilita de esta manera y, además, en cada audio podréis encontrar el texto correspondiente sin necesidad de abandonar la página, como sucede ahora. Seguiré publicando en los tres blogs como siempre. Os dejo la dirección y el audio de recibimiento del nuevo espacio.


http://elmaestrocuentacuentos.wikispaces.com/




sábado, 28 de marzo de 2009

Hansel y Gretel. (Cuentos ilustrados 6)



Hansel y Gretel.

Érase una vez un pobre leñador que vivía cerca del bosque con su mujer y sus dos hijos que había tenido de su primera esposa. El niño se llamaba Hansel y la niña Gretel. Como no tenían nada que comer, la madrastra le dijo al leñador que al día siguiente abandonarían los niños en el bosque con un pedacito de pan porque si no todos mirirían. El padre protestó, pero acabó cediendo y se avino al plan de su mujer. Los niños lo escucharon todo y, cuando sus padres se quedaron dormidos, Hansel salió de la casa para recoger guijarros que guardó en los bolsillos de su chaquetilla. Al día siguiente, partieron para recoger la leña en el bosque. Hansel, de tanto en tanto, tiraba en el camino una piedrecita de las que llevaba en el bolsillo. Los padres hicieron una hoguera, les dieron un trozo de pan y les digeron que descansaran mientras ellos recogían leña. Los niños se quedaron profunadamente dormidos. Cuando salió la luna, los niños regresaron a su casa siguiendo el brillo de los guijarros que Hansel había tirado por el camino. Pasó el tiempo, volvió el hambre y de nuevo los niños fueron abandonados en el bosque. Pero esta vez Hansel tiró migas de pan por el sendero, los pájaros se las comieron y no pudieron encontrar el camino de regreso. Los niños estuvieron tres días perdidos en el bosque sin nada que comer. Al medio día del tercero, escucharon los trinos de un pájaro. Luego, revoloteó sobre ellos y les indicó con su vuelo un camino. Los niños le siguieron y llegaron a una casita cuyas paredes eran de panecillos, el tejado de galletas y las ventanas de caramelo. De repente, se abrió una puerta y una mujer, más vieja que las piedras, les dijo:
-¡Hola, queridos niños! Venid dentro y quedaod conmigo que nada malo ha de sucederos.
Se trataba de una bruja malvada que atraía a los niños, los mataba, los guisaba y se los comía. Las brujas tienen los ojos rojos y son bastante cegatas, pero tienen el olfato muy fino, como los animales.
A la mañana siguiente, agarró a Hansel y lo llevó a un corralillo donde lo encerró tras puerta de reja. Luego, despertó a Gretel y le gritó:
-¡Levántate, holgazana y ve a por agua para guisarle una buena comida a tu hermano que hay que engordarlo! ¡Cuando esté bien gordo me lo comeré!
Cada mañana comprobaba si Hansel engordaba y éste la engañaba sacando por la reja un delgado huesecillo... Un día, la bruja le dijo a Gretel que abriera la puerta del horno para meter el pan. Ella se dio cuenta que lo que quería era meterla dentro para asarla y le dijo que no sabía cómo se hacía.

-¡Apártate niña tonta! ¡Mira, así se hace!


Y la vieja se agachó, abrió el horno y entonces Gretel la empujó, la metió bien dentro, cerró la puerta y corrió el pestillo. La maldita bruja se consumió miserablemente. Luego, fue en busca de su hermano, recogieron perlas y piedras preciosas que tenía la vieja, y comenzaron a correr para salir de aquel bosque embrujado. Finalmente, llegaron a lo orilla de un gran río.

¡No tenían con qué cruzarlo! Gretel vio un pato blanco y le dijo:

-Ven, patito mío,
que Hansel y Gretel,
han llegado al río.
No hay puente,
no hay vado,
en tu blanco lomo,
llévanos a nado.

El pato los cruzó uno a uno. Caminaron un buen rato y salieron del bosque hasta que llegaron a la casa de su padre. Éste no había tenido ni un momento de alegría desde que los abandonó en el bosque y su mujer había muerto. Las piedras y las perlas rodaron por toda la habitación y allí acabaron todas sus penas.


Todos los Cuentos Tradicionales de este blog los encontrarás reunidos aqui.

El audio de este cuento los encontrarás picando aquí.

sábado, 28 de febrero de 2009

Mínimo.


MíNIMO


Cuentan que hace mucho tiempo, en un hermoso valle, el valle de Buenasuerte, existía un reino en el que todos sus habitantes vivían felices, por poco que tuvieran. Los ríos desbordaban peces, y el bosque estaba repleto de animales. Y enn primavera, los verdes campos de trigo se mecían como olas por el viento fresco y suaves que los recorría.

Pero también cuentan que un día, unas nubes plomizas y frías, se adueñaron del reino de Buenasuerte y con ellas, también llegaron el miedo y la desconfianza.

Un niño, que se llamaba Mínimo, y que era tan delgado y esbelto como una espiga de trigo, sintió dentro de su pecho el eco de las últimas palabras de su buen amigo el cordelero, que antes de morir le dijo así:

- Mínimo, amigo mío, pronto voy a morir. Ven y toma esta cuerda para cuando quieras llegar más alto. Pero recuerda, Mínimo, que sólo tienes que usarla en beneficio de todos.

Y Mínimo, aún con lágrimas en sus ojos, cogió la cuerda y dirigiéndose a lo más espeso del bosque, se situó delante el árbol más alto; trepó por el como un gato hasta la copa y ya allí, esperanzado, tomó la cuerda entre sus manos y le dijo así:

- ¡Soguita, ténsate!

Y la cuerda se tensó. Y Mínimo comenzó a subir, y a subir y a subir..., hasta que llegó a las nubes, y les habló a ellas; pero ellas no le respondieron. Esperó a que el sol se colgara en el cielo y decidido le habló así:

- ¡Hola, sol, soy yo Mínimo!

- ¡Hola, pequeño! ¿Qué te trae por aquí?

- He venido a hablar con las nubes para que se vayan, pero ellas no me responden.

-Y, ¡cómo quieres que te respondan las nubes! Las nubes no hablan. Además, eso no es problema de las nubes; eso es problema del viento. El viento fresco y suave que antes soplaba por aquí y ya no sopla. Por eso ya no es para nosotros Vientón Fresco Suave, sino Soplón Vago.

-Pero, señor, nosotros pasamos hambre y frío...

-Ve y habla con él, aunque no creo que te eche mucha cuenta: Anda últimamente muy deprimido. ¡Suerte, pequeño! Estoy deseando de volver a ver vuestro hermoso valle para ponerlo bien calentito en primavera...

- ¡Gracias, sol!

Y Mínimo, dirigiendo sus pasos hacia lo más oscuro de las nubes, se encontró con un rostro que no era otro que el de "Soplón Vago"...

-¡Ahhhhh.... ! No tengo fuerzas ni para respirar...; me falta el aire para soplar.

-¡Eh, Soplón Vago, soy yo, Mínimo!

-Sííí..., bien pequeño que eres.

-Desde que usted no sopla, las nubes no se van.

-¡Qué pena, qué pena, qué pena…!,

que no podáis volver a ver el sol en primavera,

pero desde que se fue mi dulce amor,

mi vida ha dejado de tener

sentido

y ya no halla mi alma cuidados.

Y Mínimo, comprendiendo lo que necesitaba Soplón Vago, le dijo así:

-Señor, se me ocurre una idea: Si usted sopla una vez, para que las nubes se vayan, me iré contigo.

- ¿Me ofreces compañía?, ¡me ofreces compañía! Ah, bueno, entonces soplaré.

Y, de esta manera, se fueron las nubes del valle de Buenasuer­te..., y con ellas también se fue Mínimo. Su vida transcurría así: Cuando tenía hambre, lentamente Soplón Vago bajaba sobre las copas de los árboles y Mínimo recogía los frutos más maduros; cuando tenía sed, Soplón Vago hendía su lengua en el río y Mínimo en un remanso su sed sosegaba.

Un día, Soplón Vago percibió:

-¡Qué agradable perfume! ¡Aquí entran ganas de respirar y soplar!

Un viento, con el suave aroma a limón de la yerbaluisa, había prendido el corazón de Soplón Vago y Mínimo, comprendiendo que su amigo se había enamorado, le dijo así:

- Soplón Vago, ya no me necesitas. Devuélveme a mi reino y regresa con ella.

Y, Soplón Vago, que ya no era tan vago, tomando a su fiel compañero, lo elevó al aire, y sabiendo que le daba el último paseo, lo dejó en la copa del árbol por la que él había subido al cielo.

Y, colorín colorado, este cuento se ha terminado.


Todos los Cuentos Actuales de este blog los encontrarás reunidos aquí.


Si quieres escuchar el audio de este cuento lo encontrarás pinchando aquí.

martes, 10 de febrero de 2009

La flor de lililá.

BubbleShare: Share photos - Play some Online Games.




LA FLOR DE LILILA.

Había una vez un rey, que de tanto llorar la pérdida de su amada, se le secaron las lágrimas, y se quedó ciego. Los médicos dijeron que sólo la flor de Lililá podría curarlo. Pero nadie sabía dónde estaba esa flor. El rey mandó entonces a sus tres hijos a buscar la flor por todas partes y les dijo que aquél que se la trajera heredaría su corona.

Salió el hijo mayor en su caballo, y encontró por el camino a una pobre vieja que le pidió pan. Y él le dijo de muy malos modos:

- ¡Apártate de mi camino vieja bruja!

Siguió adelante pero pronto halló la desgracia. Se cansó de andar de un lado para otro sin llegar a ningún sitio, y cuando quiso volver atrás ya era demasiado tarde.

Al ver que no regresaba, salió en su caballo el de en medio a buscara a la flor. También se encontró con la misma pobre vieja y al pedirle pan, su respuesta fue idéntica:

- ¡Apártate de mi camino vieja bruja!

El bosque sin caminos se lo tragó como al primero.

Al ver que sus hermanos no llegaban, cogió el más pequeño su caballo y salió a probar suerte. Se encontró con la misma pobre vieja, que le pidió pan, y el muchacho le dio una hogaza entera. La vieja le preguntó:

- ¿Qué andas buscando, hijo?

- La flor de Lililá, para curar a mi padre enfermo.

La vieja sacó un huevo y le dijo:

- En el camino encontrarás una enorme piedra negra. Estrella el huevo contra ella y se abrirá un hermoso jardín donde está la flor. Pero has de tener cuidado porque lo guarda un león. Si tiene los ojos abiertos es que está dormido, y podrás pasar; pero si el león tiene los ojos cerrados es que está despierto.

Al día siguiente, el príncipe encontró la piedra negra. Estrelló el huevo y un hermoso jardín se abrió ante sus ojos, donde estaba la flor de lililá, que era blanca y resplandeciente y olía a gloria. El león tenía los ojos abiertos; podía pasar. Y cuando las yemas de sus dedos fueron a tocar el tallo, la flor se desprendió y se acostó en su mano.

Ya de regreso se encontró con sus dos hermanos. Se pusieron muy contentos al saber que el pequeño llevaba la flor de Lililá. Pero luego pensaron que si lo mataban y le quitaban la flor, ellos se repartirían el reino. Y aquella noche de luna llena, con un cuchillo tan frío como el hielo, los dos hermanos lo mataron, le quitaron la flor y lo enterraron. Pero…, un dedo quedó fuera, y de este dedo creció una caña y un pastor que la vio, la cortó, y se hizo una flauta. Al tocarla sonó una canción que decía así:

"Pastorcillo, no me toques,

ni me dejes de tocar,

que me han muerto mis hermanos,

por la flor de Lililá.”

El pastorcillo siguió tocando y llegó al pueblo. Entonces la canción llegó a oídos del rey, que ya había recuperado la vista con la flor, y mandó llamar al pastorcillo. Le pidió la flauta para tocarla y la canción dijo:

"Padre mío no me toques,

que tendré que denunciar

que me han muerto mis hermanos,

por la flor de Lililá."

Y el rey entonces comprendió lo que había pasado. Fue corriendo al lugar donde el pastor había cortado la caña y desenterró a su hijo que resucitó. El rey, abrazado a su hijo, pronunció estas palabras

- He aquí a mi heredero. Esta es mi voluntad: ¡Que mis dos hijos traidores, vayan al destierro!


Todos los Cuentos Tradicionales de este blog los encontrarás reunidos aquí.

El audio de este cuento lo encontrarás pinchando aquí.